miércoles, 28 de enero de 2026

Bailando sin armonía

 













Aunque evitemos formas. Nos engañan.

¡Si colegas! ¡Así es! Realidad nula.

Cuando tratas de ver la luz, se anula

la incertidumbre con qué nos empañan.

 

Nos exigen cordura y nos regañan

si no cumplimos con la ley gandula,

esa que solo cumple y confabula.

Sin delatar a tantos que la dañan.

 

Quisiera creer. Por eso me arañan

por tragedias que la especie pulula

con descaro y sin fórmula ni bula.

Librando del mal a los que la estañan.

 

La diversidad no aclara, y nos bañan

por locuras mil, que en sí se articula

y un vicio penetrante, que acumula.

Amargura cruel. Bilis que así endiñan.

 

Soportando sucesos, nos apañan.

y mudos vemos mal. El mal que rula.

Sufriendo esa miseria que atribula

con la infelicidad qué nos rebañan.













autor: Emilio Moreno




martes, 27 de enero de 2026

Debo ser el más lerdo.

 








Toco fondo y no me quejo

asumiendo mis conceptos. 

Supone tener salud,

y me alegro del bosquejo 

que me aplicó sin preceptos,

por un derroche en alud.


No me gusta presumir

al suponer como otros

que cuando yo voy, han vuelto.

Eso dicen al mentir

quitando gloria en nosotros

y dejándolo resuelto.


Tampoco quiero mirar

las pretensiones ajenas.

Dios me guarde entrometer

y aún menos criticar

Por las palabras que afean

Que no dejan de ofender.


Debo ser de los más tontos

comparado con amigos.

En cualquier tema que toco 

me encuentro disminuido,

por alusiones que pronto

carecen de cual sentido


Se jactan tan presumidos

con sus grandes pretensiones 

No se escuchan cuando mienten

y repiten afligidos

su alusión tan diferente,

en su falta de memoria

que de ella si, que adolecen.


Siempre tienen más que tú.

Ellos siempre van de sobra

grandezas derrochan tan,

que a veces dices: !Jesús!

Su sol no les hace sombra

Y no necesitan pan 

Porque todo es milonga


Autor: Emilio Moreno













jueves, 22 de enero de 2026

Desde aquí me sumo...

 










Quisiera tener poderes

para evitar más tragedias.

Esas; las inesperadas

por propia naturaleza.

 

Y las otras impostadas

por falta de inteligencia.

O desidia de magnates

que solo miran su hacienda.

 

Desde aquí me sumo al luto

de los afectados. ¡Todos!,

y cuantos padecen ahora

por el rigor de ese lodo.

 

De ese fruto, muy crecido

que por desidia rodea

a esa población que sufre.

Mientras ellos alardean.

 

Con el capricho de algunos

que no cumplen cometido

y se excusan con delito

por saberse consentidos.


Que fácil echar la culpa

a las vías, lluvia y viento.

o la inclemencia del tiempo,

¡Dónde está el mantenimiento.!

 

A las riadas que llegan

y al no tener previsión

por falta de presupuesto.

Nos ahogamos; sin razón.

 

Ahora toca transportes,

aviones, coches y trenes.

Con cuál de ellos viajo

que no desquicie mis sienes.

 

Desde aquí mando mi luz

pésame y las condolencias

a víctimas de Adamuz.

Por las perversas tragedias.

 

A los que perdieron vida,

cosecha, casa y familia,

y a esos que aún les lloran

por un dolor que no priva.


A todos; mi afecto grande

que Dios los tenga en la Gloria

y les libre del marasmo

y la excusa tan notoria.

 

Dejo escrito este soneto

El que dice y continúa

Ofreciendo mi respeto

Y sin mostrar ni una púa.

 

 

Tras las noticias de lo sucedido

con accidentes de ferrocarril,

“Danas”, tan agresivas al por mil

y ruinas varias que nos han medido.

 

Propongo con firmeza, ir precedido

de esa esperanza que colma mi atril   

pidiendo al cielo no llene el barril,

librándonos del mal tan repetido.

 

Dicen: que donde está el cuerpo hay peligro.

Nunca se había ajustado tanto el dicho

Por lo que está ocurriendo con denigro.

 

Hemos de continuar, aun sin capricho,

Por desconfianza, que a veces no libro

y tramitando el mal, me siento un bicho.










A los afectados de Adamuz.


sábado, 17 de enero de 2026

Aquella voz. Ácida y tenebrosa

 



Aquella mañana salió del súper mercado con su carro repleto de provisiones para el consumo alimenticio. La compra que habitualmente hacía, en el mismo lugar de siempre. Sin sospechar que en instantes iba a protagonizar uno de los rigores que la vida nos pone por delante, para saber si sabremos actuar con diligencia o quizás, dejemos a la suerte o al azar el futuro inmediato.

Pedro, es y lo ha sido siempre una persona comedida, serena y vital.

Virtudes que desde su juventud le afloraron ni más ni menos para ayudar a su familia.

Vector importantísimo en él, y que además le dio, y le sigue dando una importancia capital.

Siempre actuando con ideas claras: “como las pupilas de sus ojos” : y a pesar de un impedimento que con inteligencia, valor y esfuerzo ha ido toreando desde los primeros síntomas. Su debilidad en la audición.

La que sin dudarlo no le ha impedido llegar a alcanzar todo aquello que se ha propuesto.

Aunque por lógica y con su mesura, que es digna. Ha dejado de actuar en frentes que sin duda le hubieran llevado a cimas insospechadas.

Antes de salir por la puerta del mercado, abonó lo adquirido y se dispuso caminando ligero llegar a su domicilio y seguir el curso de aquel día marcado y que mientras viva, olvidará.

Cruzó la calle salvando el sitio que el semáforo permitía. Cuando el color rojo pasó a verde. Dando uso y preferencia a los viandantes.

Al llegar en su paseo y arrastre del carro de la compra, en la intersección de la vía con la comarcal y dentro del casco urbano de la ciudad. Se notó afectado de forma súbita, por una indisposición que a medida que pasaban los segundos, iba faltándole la respiración.

Como si la garganta se atrancara por no poder colmar las entrañas de aire nítido. Con un sufrimiento agudo en su aforo torácico. A la altura del montículo de su plexo solar.

Notando que una fuerza brutal sin pedir el mínimo permiso le ahogaba, lo desposeía de esta vida. Desclavándole el corazón a quemarropa y de cuajo. ¡Sin más preámbulo y explicación. Inaudito!

A lo bestia por describirlo como fue. De forma brutal. Sin modo ni explicación coherente alguna. Rudimentario e increíble.

Notando que se desplomaba, al percibir que le usurpaban de cuajo el motor del cuerpo.

Súbitamente dejó el carrito con ruedas repleto de viandas y se agarró a uno de esos buzones de color amarillo de Correos situado allí.

Estratégicamente colocado en aquella acera, como queriendo ayudar acopiando fuerzas desde un punto conocido para Pedro. Donde se abrazó padeciendo sin que nadie le echara un capote, ni percibiera que estaba sufriendo una angina pectoris. Que significa "constricción en el pecho", y se refiere a un dolor torácico temporal por falta de flujo sanguíneo al corazón, siendo un síntoma de sufrimiento coronario, y no siempre un ataque cardíaco.

Aunque puede ser una señal de advertencia. 

El buzón simbólicamente lo ayudaba recordando donde había trabajado durante tantos años, en una de las delegaciones de la Dirección General de Correos, que semejaba le daba el postrer apoyo en la vida.

Aferrado se ciñó al cilíndrico ambarino y grueso depósito de las cartas para no derrumbarse. A la vez que su inteligencia funcionaba al mil por ciento.

Escuchando perfectamente y en la soledad de su propio miedo, y desde el oído derecho, el más aminorado que posee.

El que hacía tantos años que no percibía un sonido, una sola palabra ni retumbo. Por el cual distinguió con claridad una voz intemerata.

Ronca e inflamada, expelida por una laringe que refluía ácida y tenebrosa. Que le decía: No vayas al hospital, no lo hagas. ¡No te atrevas ni se te ocurra! … si no quieres quedarte flojo y sin vida en el sitio.

Mientras especulaba entre el dolor y la decisión, que el hospital lo tenía a menos de diez minutos de donde estaba, discutía consigo mismo y en el breve espacio que ocupa un pensamiento resonó la advertencia del toser.

Recordó aquello de toser con brutalidad, con fuerza, sin compasión. ¡toser!... Incluso pensó en dejar el carro de alimentos en el bar de la esquina y acercarse al complejo hospitalario.

De nuevo a punto de decidirse volvió a reconocer aquella cacofonía que le advertía: No vayas al hospital, no lo hagas. ¡No te atrevas ni se te ocurra! … si no quieres quedarte laxo en el consultorio de urgencias.

Carraspeó tosió y esputó de forma violenta, y agarraba el aire como podía, hasta que se fue serenando.

Con ello Dios dispuso que no era su hora y pudo llegar a su casa empujando el carrito de los sustentos.

Nadie le socorrió. Ninguno de los viandantes que posiblemente estaban viendo el suceso, se acercó a echar una mano de apoyo. Suele pasar en los momentos críticos, donde pierdes el rumbo y la consciencia.

Tan solo lo acompañaba aquel carro de lona cargado de comida.

Nervioso sin perder el norte, pensaba en no encontrarse con ningún conocido que le modificara su última decisión.

Sin olvidar y notando nuevamente, la repetida advertencia.

Con aquella voz desagradable que la percibía por su oído derecho, el afectado de total audición. Que entonces, en aquellos instantes funcionaba mejor que nunca lo había hecho.

Amenazándolo en que no fuera al complejo de urgencias, y prolongara el trayecto hasta su casa.

Resonando con energía el sonido de aquella voz que le advertía: No vayas al hospital, no lo hagas. ¡No te atrevas ni se te ocurra!... Serénate y toma una aspirina, descansa en silencio y sin nervios.

Mastica una gragea de ácido acetilsalicílico, por si varía en lo posible la situación, ya que ese analgésico, puede llegar a ser lenitivo ayudando a prevenir el infarto que estaba sufriendo Pedro, y en la evitación de la formación de coágulos sanguíneos que bloquean las arterias.

Abrió la puerta de su domicilio. Su esposa, Isabel. Le preguntó:

—Que tienes. Te encuentras mal. ¡A ti te pasa algo!... Estás bien… Llevas una cara desencajada.

El esposo apurado respondió, sin dar la importancia y el rigor que comportaba,

—No es nada, no te asustes—. Evitando hacer entrar en estado de pánico a su esposa, y añadiendo al comentario.

—Es un principio de angina de pecho, que creo tener controlada.

Se reclinó en el sofá y masticó su aspirina.

Serenándose a la fuerza, y bajo la atenta mirada de la asustada Isabel.

A los cinco minutos, todo parecía ser de otro modo. Respiraba mejor, y el pulso le había dejado de galopar.

La velocidad de sedimentación inoportuna que padecía, iba volviendo a la celeridad admitida de normal. En diez minutos se vio con fuerza, determinando que se iban al médico sin perder más tiempo.

Aquella voz que escuchó claramente cuando estaba aferrado al buzón de Correos, dejó de atenderla. Su oído derecho volvía a estar completamente inactivo.

Ya no le advertía. Todo lo contrario. Sin hacerse notar lo iba guiando en cada uno de los pasos que debía emprender.

Se incorporó y más sereno, y más sosegado; se acercó al Hospital, donde al comprobar los doctores de las Urgencias aquel cuadro descrito por Pedro, comenzaron las prisas y fue ingresado en el centro hasta que lo sacaron del peligro que sufría.

Tras las intervenciones de rigor y el pausado tiempo de convalecencia volvió a la vida. A su vida, con más ímpetu alegría y vigor que nunca.

 

Cuando el protagonista relata el suceso, ya fuera de peligro y habiendo pasado unos meses de aquel estruendo sufrido.

Lo hace con la naturalidad de un actor que interpreta esos síntomas en su piel. Sus gestos, su impronta y su dicción de lo sucedido te llena de padecimiento y de sofoco, por esa claridad que emplea en su descripción.

La que yo me permito con su consentimiento, relatarla.













Autor del relato: Emilio Moreno

 


miércoles, 14 de enero de 2026

Carácter y singularidad.

 








Suele coincidir, en día de miércoles,

Cuando desayunamos en la Vila

templete del Prat, con carta tranquila

bocata de jamón y rioja “Soles”

 

charla justa y amena, sin alcoholes

que puedan perturbar la voz que afila

que hermana, que aconseja y recopila

Amigos de verdad, sin más controles.

 

Una cita mensual, cultura y pausa

Don Pedro siempre impacta por nobleza

Narrativa que incluye buena causa.

 

Que se disfruta con magna certeza

Locubiche: linaje sin excusa

Razón y atino. Su Geoda y firmeza.

 

 

Para Pedro, un tipo singular.


martes, 13 de enero de 2026

Irresistible hipocresía

 










 

Impertinente debo ser por norma.

y aunque a veces reprima tanto enojo

consigo equilibrar todo el congojo

que sufro si alguien me saca de forma.

 

Mis cejas evidencian molde y horma

irradiando la tensión que recojo

que supura mi rabia con arrojo,

y el sofoco y desliz, que me trasforma.

 

La falsedad barata no resisto,

a pesar de un esfuerzo que consiento

obligado por no ser tan previsto.

 

Sin agravio. El lugar con argumento

donde puedo decirlo, y ¡Sí: rechisto!

Ansiando ser venial, algo irredento.

 

 

 


 

 






autor del soneto: Emilio Moreno.


lunes, 12 de enero de 2026

Prórroga de lo mismo.













No se detiene. Medio mes va fuera,

pasó la Nochevieja, y día de Reyes

nos bebimos enero. “Matabueyes”

el mes más crudo, de facto y manera.

 

Así a bote pronto se exagera.

Aunque si lo analizas son las leyes

las que nos inculcaron los destelles

de tanta fiesta próxima y casera.

 

La noche es vieja. ¡Mas! ¡Mejores uvas!

En año nuevo brindis con el cava

Fiesta y Magos, que con tu sexo incubas

 

Y por si fuera poco, gozo y lava.

Arrojo genial que por ello entubas

en derroche sensual que fabulaba.











autor. Emilio Moreno

 

  

sábado, 10 de enero de 2026

Con asimilo: interpretarlo

 









Desde el final del año que se escapa

hasta el inicio del nuevo, brindamos

levantamos las copas y nombramos

aquellos a los que nuestra alma atrapa

 

Disimulo mi lágrima, y me empapa

mojando una emoción, la que cruzamos

con aquellos deseos que esperamos

se nos ofrezcan en la nueva etapa.

 

Engullo uvas de enero a diciembre

una por mes. Sin duda gratitud

distribuyendo las mieses y el siembre

 

Con deseos y miras de altitud,

las espigas son fruto de mi urdimbre

y alzo el cáliz pidiéndote salud.




 

 



Nos esperan en el limbo-

 

Siempre hay alguien que falta. Ya no están

En estas fechas aún se notan más

A ellos, sin dejar de lado jamás

recuerdos y un abrazo que obtendrán.

 

Enviado por nosotros, lo verán

de la forma y el modo por demás

orgullosos, felices además

desde su nube, tan claro sabrán

 

Presentes con nosotros su memoria

Siguen estando allí, sin olvidarlo,

Asistiéndonos de forma notoria

 

Esperando lleguemos sin dudarlo

cuando se acabe nuestra moratoria

todos seremos polvo. Asimilarlo.











autor: Emilio Moreno


miércoles, 7 de enero de 2026

Llanto afincado.

 


 

 

Seguiremos riéndonos de todo,

Como solíamos hacerlo, descarados

Sin mancharnos por el lodo

Que nos permitía criticar desmesurados.

Te voy a echar de menos,

Aunque creo, que ese “menos” será más

 

 

 

Cuando menos lo esperas. La tragedia.

Aparece en tu entorno y te destroza.

Que te rompe doliente y te desbroza

Roto y más. Sin recato y sin más comedia.

 

Nadie me dijo: es su último día

No podrás entender cómo te roza

en el alma su ausencia, y se te emboza

la entereza, que llora su partida.

 

No pude soltar lágrima. ¡Ninguna!

Me quedé desabrido y anulado

por la desdicha. ¡Que inoportuna!

 

Taló con dolor mi llanto afincado.

Muy adentro del alma, en mi cuna

Recordando su afecto y abrumado.



  

A mi buen amigo Juan José.











autor: Emilio Moreno